miércoles, 29 de enero de 2014

GAUGAMELA

En el año 334 a.c. Alejandro Magno atraviesa el Bósforo para adentrarse en la Persia de Darío. Venció a éste en las batallas del río Gránico e Isos, para después darse un paseo conquistando toda la parte costera Asia hasta Egipto, donde fundó la ciudad de Alejandría. Alejandro se tomó su tiempo para que Darío se rehiciese sabiendo que la batalla decisiva estaba por llegar. Los dos sabían que esa batalla sería la definitiva, la que permitiría, o no, a Alejandro hacerse dueño de toda Asia hasta el Hindukus. Todo el mundo conocido hasta esa fecha.
Darío había preparado la batalla minuciosamente: eligió el sitio en una explanada que se preocupó en allanar para que nada dificultase la maniobrabilidad de sus tropas, sobre todo de los temible carros falcados, ocupó los sitios más favorables, sembró el terreno de trampas, para dificultar las maniobras de la caballería. Pero sobre todo disponía de una cantidad ingente de efectivos muy superiores a las de Alejandro.
Viendo aquel panorama, Parmenión, el general más veterano y más prestigioso de Alejandro, que ya había servido a las órdenes de su padre Filipo de Macedonia, le indicó la conveniencia de atacar por la noche, cuando es más difícil coordinarse y el número de tropas tiene menos incidencia en el resultado de la batalla. Alejandro rechazó aquella idea diciendo: “lo que me proponéis es una artimaña cuyo único objetivo es no dar la cara”… estoy decidido a atacar a plena luz del día, pues prefiero lamentarme de mi mala estrella antes de avergonzarme de mi victoria”. Alejandro sabía que conquistar toda Asía suponía dejar claro a todo el mundo la derrota sin paliativos del Darío.
A lo largo de la historia hay muchos ejemplos de hombre que prefirieron dar la batalla antes de entregarse a componendas. Hay ocasiones en que las batallas se tienen que dar, además se tienen que  dar abiertamente, para que todo el mundo sepa quién tiene la autoridad. La Auctoritas. Por decirlo en lenguaje llano: la gente debe saber quién manda. Cuando no se sabe quién manda, puede mandar cualquiera.
Valga este largo prólogo, en parte consecuencia de mi devoción por Alejandro Magno, para introducirnos en las últimos acontecimientos, vividos en nuestro país, como consecuencia de los desvaríos ideológico-político-administrativos de nuestro gobierno, La sensación de improvisación, de falta de criterio, de endeblez ideológica, de ausencia de espíritu de servicio, la obsesión por la autoprotección de los titulares de las instituciones, están produciendo no solo la rechifla general, si no lo que es más grave, el desarme moral de todo un pueblo.
Episodios como, la salida masiva de presos. Las concentraciones de asesinos, a los que solo se les enfrenta un periodista, salvando de paso la dignidad de toda una Nación. El vodevil de la subasta de la luz, donde no sabemos si nos engañaron aquel día o lo vienen haciendo desde hace años. La filtración a la prensa de la operación contra ETA. Los acontecimientos de Gamonal, donde cuatro de extrema izquierda, rompen por la fuerza la voluntad de todo un pueblo. Las becas ERASMUS de los niños de papá. La externalización de la Sanidad Madrileña. Los bandazos con la imputación de la Infanta. Son claros ejemplos de un gobierno sin rumbo, sin criterio; y lo que es peor: sin intención alguna de ejercer la autoridad que todos le dimos, y que estamos deseando que ejerza.
A un gobierno podemos perdonarle que se equivoque al tomar decisiones, lo que no se le puede perdonar es que los estragos vengan por no tomarlas, por subvencionar a los que amenazan, por ceder con tal de no enfangarse. En definitiva por no dar la cara con tal de ganar tiempo hacia no se sabe dónde. No se puede gobernar desde el parapeto, desde la distancia, desde la falta de compromiso, sin la asunción de los riesgos inherentes al cargo. No se puede gobernar, como las ruedas de prensa,  a través del plasma.





domingo, 5 de enero de 2014

LAS CRUZADAS

Cuando uno desde la distancia, en este caso obligada para tener un mínimo de perspectiva, oye y escucha a diario, las manifestaciones de los nacionalistas catalanes con su presidente a la cabeza, no tiene por menos de asombrase del desconocimiento de la Historia que tienen en esa comunidad.
¿Cómo es posible que un pueblo moderno, y en teoría culto, no se dé cuenta de la manipulación al que le tienen sometido, la caterva de dirigentes cuyo único denominador común y única  habilidad demostrada, es la de enriquecerse en el ejercicio de poder?
¿Cómo no son capaces de ver que son el único pueblo de España que no echa la culpa de sus problemas a los demás, en vez de pedir responsabilidades a los suyos?
¿Cómo no son capaces de responder ante las injusticias, que en aras a su nacionalismo, se ven sometidos un sinnúmero de conciudadanos?
¿Cómo no son capaces de valorar la santa paciencia de la que está haciendo gala el pueblo español ante la sinrazón, los despropósitos, y hasta la chulería de la que hacen ostentación sus voceros.
Es curioso comprobar como los sentimientos más profundos del ser humano son los que producen las mayores catástrofes. Los sentimientos religiosos, por ejemplo han sido, y siguen siendo fuente de calamidades sin cuento: El “Dios lo quiere” de las cruzadas, el “Alá es grande” de la Yihad. Han sido a lo largo de la historia el soniquete que todo lo justificaba.
Muertes, violaciones, pueblos enteros masacrados, calamidades en nombre de doctrinas que sobre el “papel”  solo hablan de concordia, respeto, amor,  misericordia. Doctrinas con cientos de testimonios de sacrificio, entrega, y amor al prójimo. Pero, qué contar de las barbaridades que en su nombre se han perpetrado.
 La Iglesia Católica, por poner un ejemplo cercano y más conocido, que con el pretexto de perseguir herejes no hizo otra cosa que consolidar el poder de nobles y reyes. O los luteranos que a la vez que se veían perseguidos por los católicos del Duque de Alba, andaban machacando  los anabaptistas, los primeros comunistas de la historia, que se les fueron de las manos; y estos últimos matando a diestro y siniestro, a todos los que no seguían su doctrina. Todavía resuena en el mundo árabe la masacre que se produjo en Jerusalén después de su conquista por Godofredo de Gullón en la Primera Cruzada, mataron a musulmanes, judíos y a los cristianos allí residentes. Claro eran colaboracionistas. Para qué seguir con lo que es de sobra conocido.
En el siglo XX, la religión fue dando paso a las ideologías; lo que no dejaba de ser para muchos una nueva religión. En su nombre una vez más se cometieron de nuevo toda clase de violaciones e injusticias. Nunca en la historia de nuestro mundo, y en tan corto espacio de tiempo,  se amontonó tanta muerte y tanta destrucción, como la que se hizo en aras del fascismo y el comunismo. Las nuevas religiones fueron la peste de nuestro tiempo. Sobre el “papel”, el nacionalsocialismo y el comunismo tampoco dejaban entrever que pudieran ser germen de tanta barbarie.
Algo parecido ocurre con los sentimientos de pertenencia. Los nacionalismos, ese sentimiento íntimo de amor a lo tuyo a los tuyos a lo que te rodea, a tu cultura, a tus raíces, a tus antepasados, a tu tierra. Sentimiento entre bucólico, poético, siempre mítico, que te identifica como persona, que no te obliga a preguntarte quien eres, que eres, como eres, no sea que te lleves una sorpresa. Eres de la tribu, de tu tribu, no tienes que preguntarte nada más. Hacerse preguntas sobre uno mismo siempre es embarazoso, y más  si las respuestas  las sospechas en tu fuero interno, porque tonto no eres.
No tienes necesidad de ser justo con todos, solo con los tuyos. Ni solidario, solo con los tuyos. Ni respetuoso, si no es con los tuyos. Solo tienes obligaciones contigo mismo. Solo tienes que responder ante ti y los tuyos. Has hecho un monumento a la primera persona del pronombre: yo, mí, me, conmigo.
Igual que los fascistas, comunistas o los cruzados, todo te está permitido: “Dios lo quiere”. La pertenencia a la tribu te justifica.


sábado, 14 de diciembre de 2013

PAGADOS DE SÍ MISMOS

La ruptura del PP con respecto a su electorado y a los grupos sociales que le sustentaban es una realidad que denunciaba en mi anterior artículo. Pero lo más grave es que esa ruptura se está produciendo con su militancia, con sus afiliados y simpatizantes, un grupo numeroso y abnegado de personas que han sido nuestro sostén, al menos cuando las cosas iban mal.
Esa ruptura se ha escenificado de manera nítida en el fracaso o no convocatoria de las comidas de Navidad, tradicionales desde que existe el partido. ¿Dónde quedan aquellas celebraciones donde se sobrepasaban sin problemas los mil quinientos comensales? ¡Cuando no teníamos poder! Cuando lo único que podíamos ofrecer era cariño y palmadas en la espalda.
Pero aquellas comidas y cenas eran el sustento emocional y hasta ideológico de muchos militantes. Era la manera de decirles a todos que pertenecíamos a una familia, Era la manera de infundir ánimos, de dar consignas, en definitiva de dar la cara.
Ahora en el poder, con todo a nuestro favor, lo aviamos con una Junta Directiva. Es decir: los instalados se juntan y se aplauden así mismos, sobre todo a la jefa, y se van a su casa tan a gustito.
Las razones se me escapan.
Puede ser una cuestión de comodidad. Es cierto que la asistencia a estas comidas era  difícil de llevar, en días en los que todo el mundo se mete en celebraciones. Pero hombre, si te traen y te llevan en coche oficial, tampoco la cosa es para tanto.
Puede ser por miedo al fracaso. A la gente le da por comparar: con las celebraciones del PSOE, con las propias de años anteriores, de unas provincias con otras…y aquí nadie quiere arriesgar el poco o mucho prestigio que tengan. Los líderes de quita y pon, mayoría en la actualidad, no arriesgan.
Puede ser por miedo a dar la cara. Estas convocatorias llevan mucho movimiento de teléfono, y a lo mejor hay que marcar el teléfono que días atrás no atendimos, porque teníamos muchas ocupaciones como para hacer caso a los plastas de los militantes. No digamos lo difícil que es el cuerpo a cuerpo, inevitable en estos sitios. Lo mismo hasta te sacan los colores. Y no digamos si salta algún francotirador.
En definitiva todos son inconvenientes.
Pero la verdadera razón no es esa, porque todo eso y más son capaces de hacer los dirigentes actuales de nuestro partido cuando a ellos les interesa. La razón es la fractura entre los dirigentes de nuestro partido y sus bases. No hay contactos con la militancia. Esa ausencia de contactos se hace más evidente en estas celebraciones de Navidad, pero es continua  y constante a lo largo del tiempo.
Los actuales dirigentes pagados de sí mismos, se creen que sacaron los puestos que tienen por oposición, o por méritos, y no al partido que los sustenta. Por eso detestan la relación con las bases. Por eso evitan los contactos con ellas. Son los únicos que les pueden recordar por qué están ahí. Estos que cuando vengan mal dadas, se irán a su casa; donde estaban cuando la guerra de Irak, o el 11-M, a disfrutar de las ventajas y prebendas acumuladas en su mandato.
En definitiva no hay partido, no hay un grupo social e  ideológico. No lo hay porque no quieren que lo haya. No lo necesitan, porque cuando el mandar se termine ellos desaparecerán. Tienen lo que necesitan, un grupo de capataces y furrieles a órdenes. ¿Para qué más?

jueves, 28 de noviembre de 2013

HARTAZGO

Comentaba en mi anterior artículo, referido a la mediocridad, la semejanza entre los dos partidos mayoritarios. Ya es malo equipararse al PSOE en semejante cuestión, pero más grave es hacerlo en otras, de las que estamos teniendo en los últimos días más de lo que podemos soportar.
 La renovación del Consejo General del Poder Judicial, al margen de suponer una burla hacia los ciudadanos españoles, y especialmente a los del PP, partido que prometió hasta la saciedad respetar la independencia de los jueces, y muy especialmente en lo que hacía a la elección de este órgano, ha dejado al descubierto algo mucho más grave: la asunción por parte de nuestro partido de la hoja de ruta que Zapatero diseñó con la ETA.
 Ahora nos explicamos las prisas de Marlasca, no es que quisiera excarcelar a los presos de ETA cuanto antes, incluso antes de recibir la comunicación del auto del tribunal europeo, no, lo que tenía es que asegurarse cuanto antes el puestecito que le tenía preparado el gobierno de Mariano Rajoy. 
Ya no sirven declaraciones grandilocuentes, ni fotos con las víctimas, ni lavarse la cara llevando a Jaime Mayor como cabeza de la lista al Parlamento Europeo, o a Mari Mar Blanco, que menudo papelón está haciendo la niña, al senado; nada de eso sirve ya, todo está claro hemos cedido ante la ETA. ETA, por más que el ínclito Fernández diga misa, y no entrecomillo -decir misa- intencionadamente, ha ganado. La cesión ante la banda es evidente. Han ganado. 
Cuando estaban al borde de la asfixia, Zapatero les dio oxígeno, y una vez recuperados, nosotros les hemos sacado a la calle. En lo peor, nos hemos equiparado al peor PSOE de la historia reciente de España. Nos hemos abrazado al PSOE, para dejar en la cuneta, a las víctimas. Ya sé que la Razón de Estado justifica muchas cosas, pero casi siempre cuando se invoca, se hace para justificar lo indecente o lo inmoral. En este caso es evidente. 
 Hay otro dato: cuando fuerzas políticas dispares se ponen de acuerdo en algo en España, casi seguro que es para repartirse una prebenda, o para tapar la corrupción. De todo hay en las cuestiones que estamos tratando, en la renovación del Consejo hay de las dos cosas: nepotismo, y corrupción moral a espuertas. Es imposible caer más bajo.
 Pero se equivocan los que se crean que no pasa nada. Solo hay que estar en la calle para palpar la indignación del pueblo llano sobre el particular. Nunca he visto tanta. No solo por la injusticia que representan estos hechos, sino por el ridículo y la sensación de cobardía de nuestros gobernantes. Se les ve acobardados, repitiendo como máquinas, lo todo el mundo sabe que es mentira: que se ha derrotado a la ETA. Están de los nervios. Me dicen que los concejales del País Vasco vuelven a tener escolta, y es que ellos saben que como alguno se les vaya de las manos, ni siquiera la Moncloa servirá para esconderse. 
Ya sé que de esto, nuestros compañeros de partido no se enteran. Ellos están en la moqueta, rodeados de mediocres que hacen méritos ensalzando sus figuras de sacrificados de la causa, sufriendo la ingratitud de un pueblo que no sabe valorar lo que para ellos supone tirar por la borda sus principios, sus convicciones y su programa electoral. No saben los conflictos de conciencia que a diario tienen que superar. La nómina, el coche oficial, la tarjeta de crédito, los privilegios, son solo alivios temporales de la zozobra que para ellos supone llevar a cuestas ese sambenito de oportunistas.
 Rajoy todo lo cifra a la recuperación económica, pero se equivoca, el pueblo español es mucho más maduro y mucho más digno, que la mayoría de los que ocupan puestos de responsabilidad. Y por esto que nos están haciendo pasar no lo traga. Solo será necesaria una chispa, por pequeña que sea, para que estalle la indignación que este pueblo lleva acumulada demasiado tiempo.
 Mariano si querías amnistiar a los de la ETA, sal a la calle y explícaselo a los españoles, a lo mejor hasta lo entendemos, pero no nos hagas pasar por tontos.

martes, 12 de noviembre de 2013

SOLAZADOS EN LA MEDIOCRIDAD

La polémica suscitada por las becas Erasmus es para hacérnoslo ver. Para que en el Gobierno le dedicara un ratito en orden a sacar conclusiones sobre su incapacidad para llegar a la gente con medidas que, por más que sean razonables, terminan dejándoles a las “patas de los caballos”.
Que yo sepa, las becas Erasmus se conceden a estudiantes que durante uno o dos cuatrimestres cursan sus estudios en el extranjero. Los estudiantes en cuestión deben pagar de su bolsillo, mejor dicho del de sus padres, la cantidad necesaria para su alojamiento, manutención, viajes y demás gastos. La cosa no debe bajar de los mil euros mensuales. Bien, pues a esas familias dispuestas a gastarse entre cinco mil o diez mil euros, según los casos, el Gobierno, es decir todos los españoles, además les damos una beca de alrededor de cien euros.
Parece ser que el Ministerio de Educación quería reducir esa pequeña parte, y acumularla para dotar becas de mayor cuantía para estudiantes sin esos medios económicos. Resumiendo el gobierno quería potenciar la asistencia a esos cursos de estudiantes sin recursos.
Yo me pregunto en primer lugar: ¿si es de recibo que los españoles tengamos que pagar los estudios en el extranjero de cualquier joven que ya cursando estudios universitarios en España nos cuesta una fortuna, por mucho que suban las tasas?
¿Si pudiendo disponer de determinadas transferencia de Europa para ese menester, no se dediquen a estudiantes que por sus méritos y sus limitaciones económicas, tengan justificada esa beca, que debería cubrir la totalidad de los gastos? En ese sentido iba la medida tomada por el Ministerio de Educación.
Todo este revuelo se ha armado porque el Ministerio pretendía quitar sesenta o setenta euros a unas decenas de miles de niños de papá.  
Pero lo más grave del caso es la reacción de ese Gobierno, de los llamados barones, y del propio partido, ante una medida razonable, justa, y de marcado carácter social. Lo grave es que las opiniones de unos cuantos jóvenes con ganas de hacerse notar colgando unos videos en YouTube, sean capaces de desequilibrar un Gobierno que además, como en este caso, hace las cosas con criterios racionales.
¿Cómo es posible que este partido tenga tan poca capacidad de reacción ante esos acontecimientos, en esas propias redes sociales? ¿Cómo nadie en el Ministerio se ha ocupado de poner sobre la mesa la extracción social de todos esos niños que se van de Erasmus? ¿Cómo no somos capaces de mandar a una productora a esos destinos para hacer un programa, de esos que nos dedica la Sexta, para descubrir la verdadera realidad de esos estudiantes? ¿Alguien se dedica a trabajar en el PP sobre estos temas, y otros parecidos? ¿Es verdad el PP tiene las redes sociales dejadas de la mano de la izquierda, porque los hay en Génova que no saben cómo se enciende un portátil?
El problema de Wert es que pretende, a través de la educación, sacar a este país de la mediocridad en que la han instalado años de socialismo. Ese igualar por abajo a todos, que es el santo grial del socialismo, solo encierra la mediocridad que florece por todos sitios.
 Hace unos días leí unos capítulos de la encíclica Rerum Novarum, el primer bastión que se opuso al socialismo emergente allá por el año 1891 .León XIII ya indicaba en aquellas fechas que el igualitarismo no hacía progresar a los pueblos. Hay que dar oportunidades a todos, pero hay que potenciar a los mejores. Solo la conjunción armoniosa de unos y otros hará  avanzar a la sociedad. Algo parecido decía el Papa Francisco en una entrevista que le hacía un socialista, Chris Mathews. Decía el entonces cardenal Bergoglio: “Ustedes destruyen el incentivo del hombre, para, inclusive, hacerse cargo de su familia, un crimen contra la naturaleza y contra Dios. Esta ideología crea más pobres que todas las corporaciones que ustedes etiquetan como diabólicas”.
Es en ese “café para todos”, solaz de mediocres (solo hay que ver la catadura intelectual de muchos rectores), donde los demagogos de la izquierda tienen montado su chiringuito reivindicativo de tres al cuarto; donde la parroquia progresista sobresale a fuerza de crear a su alrededor un desierto cultural. Estos no quieren excelencia, no quieren nivel académico, ni tan siquiera quieren esa mínima cultura que permita a cualquier ciudadano descubrirles como vulgares charlatanes de feria.
Pero lo más grave es que esa enfermedad está haciendo fortuna en el Partido Popular. Cada vez nos parecemos más a ellos. No es que seamos víctimas del complejo de izquierdas, no solo eso, es que estamos empezando a ser beligerantes en la mediocridad, por eso Wert tiene problemas en el partido, porque no se resigna a renunciar a un principio que es consustancial con el verdadero progreso: el esfuerzo debe tener recompensa. Los que tiran del carro con más fuerza deben tener la consideración de todos.
Es que no nos engañemos: si da lo mismo tirar del carro que no tirar, el carro se para. Y luego no nos quejemos de que hay mucho paro, que cada vez se gana menos. Si lo único que podemos ofrecer es mano de obra, pues tendremos que competir con los que solo pueden ofrecer mano de obra, y de esos hay muchos por todo el mundo, y dispuestos a trabajar por mucho menos de lo que nosotros ganamos.

Tenemos un grave problema, que hay que estar ciego para no verlo. En Asia se está dando una conjunción preocupante, mano de obra muy barata y un pueblo ansioso por la educación, dispuestos a cualquier sacrificio por abandonar la condición de obrero sin cualificación. Esa gente criada en la escasez y el sacrificio, en unos años se comerá el mundo. Nosotros si no somos capaces, con nuestro esfuerzo, de mantener la distancia que todavía tenemos sobre ellos, seremos desbordados.

martes, 22 de octubre de 2013

LOS SINDICATOS



La crisis económica es como el agua que llena un estanque y que se está escapando por las grietas de la pileta. El agua según va bajando de nivel deja al descubierto los restos de años de acumulación de desperdicios. Cuando el agua llega al fondo el espectáculo es insoportable, por los residuos que allí se observan, inconcebibles  en un estanque de agua. Restos de todo tipo y condición hacen el ambiente irrespirable por el hedor, e insoportable por lo que representa: años de acumulación de inmundicias que se arrojaron en aquel estanque en la convicción de que el agua taparía tan dantesco espectáculo.
El estanque podría representar el sistema democrático español, y los detritus las consecuencias del sistema político. Poco a poco se fueron depositando corrupciones, prebendas, abusos de poder, injusticias, nepotismos, robos puros y simples, que depositados uno a uno en aquel estanque parecían no tener importancia. Pasaba el tiempo y como el agua no faltaba nadie se cortaba en acumular residuos. Muchos veían lo que estaba pasando, incluso si mirabas el estanque a través del agua turbia se podían observar los restos, pero nadie quería mojarse, nadie quería vaciar la pileta. Ni jueces, ni políticos, ni fuerzas sociales, ni medios de comunicación, querían pasar por ser los que rompieran el consenso que se estableció entre las diversas fuerzas políticas y sociales  para repartirse las ganancias.
Todo esto se sabía y todo se tapó.
Escribo estas líneas por lo que está apareciendo en la prensa sobre los sindicatos, y una vez más, como ya he escrito en otras ocasiones sobre las fuerzas políticas, el cinismo hace acto de presencia.
¿Pero es que nadie sabía que los EREs eran una fuente de financiación de los sindicatos? ¿Pero es que nadie sabía que los cursos de formación eran un pretexto para allegar fondos? ¿Pero es qué nadie sabía que a esos cursos solo había que apuntarse, que nadie se encargaba de comprobar si los cursos se hacían y de qué forma? ¿Pero es qué no conocemos todos la afinidad de las empresas que vendían esos cursos con los sindicatos y los partidos de la izquierda? ¿Acaso no podríamos enumerar cada uno de nosotros media docena de nombres?
El problema reside en que las instituciones que la Constitución prevé como instrumentos de participación del pueblo en los asuntos del Estado; y otras, no menos importantes, en orden a mejorar la convivencia: partidos, sindicatos, judicatura, medios de comunicación social, administración pública, organizaciones sociales,  que se suponen al servicio de los ciudadanos, hace tiempo que solo están al servicio de las castas que los dirigen. 
Y digo castas, porque sus dirigentes hasta hace no mucho tiempo, eran producto de la democracia interna, imperfecta sin duda, pero democracia al fin y al cabo. Hoy no lo son. Los aparatos lo controlan todo, y los que están son producto de una especie de aristocracia,  a la que se accede por múltiples caminos, pero ninguno que tenga que ver con el trabajo serio, las convicciones profundas, la honestidad intelectual y la otra, la afinidad ideológica, la cercanía al electorado, y otras virtudes que deberían adornar a nuestros representantes; y si tiene mucho que ver con las horas de antedespacho, de  pasillo, de palmaditas en la espalda y seductores susurros al oído del jefe.
Hoy los partidos están más al servicio de ellos mismos que de sus electores. Los sindicatos están más al servicio de sus aparatos que de los trabajadores. Los medios de comunicación más al servicio de su cuenta de resultados que de la verdad. Los jueces más pendientes de su carrera que de las sentencias. Y así podríamos seguir con muchos más ejemplos de este entramado político, social y administrativo de intereses compartidos, en el que el interés por el ciudadano es meramente enunciativo.
Una oligarquía cada día más fuerte, más soberbia, más impune y desvergonzada, que se ha puesto España por montera y al pueblo español como galopín de sus caprichos.






domingo, 6 de octubre de 2013

HOMBRES DE ESTADO


 Franklin Delano Roosevelt, en las vísperas de las elecciones presidenciales de 1940 en las que concurría como candidato para la reelección, se encontraba en la difícil situación de una Inglaterra asediada por un Hitler imparable; y el pueblo americano mayoritariamente partidario de la neutralidad, consecuencia de los malos recuerdos de la guerra del 14. Época magníficamente recogida en la película “Tal como éramos”, sin duda la mejor actuación de Barbra Streisand y Robert Retford.
En aquellos momentos previos a esas elecciones, Roosevelt, a pesar de los riesgos que corría de perder la reelección, utilizó todo tipo de artimañas para ayudar a una Inglaterra exhausta. El bombardeo de Pearl Harbor, resolvió la situación, obligando a Estados Unidos a entrar en la guerra. Roosevelt ganó cuatro elecciones la última unos meses antes de morir de un derrame cerebral.
Sin duda acciones como estas demuestran la grandeza de aquellos hombres que se juegan toda su carrera política, en aras de sus convicciones. Contra aquella mayoría que se manifestaba partidaria de la neutralidad, el presidente supo mirar por encima de las voces de su pueblo, para ver el colapso que se avecinaba, y obrar en consecuencia.
Que en España tenemos problemas no es noticia. Los tenemos y gordos, pero sería miope no ver que los más importantes son los de índole económica. Tampoco son los derivados de la corrupción: esa corrupción ha estado a la vista de todos durante lustros y nadie se dio por aludido. Lo más grave de lo que nos está pasando es la escasez, por no decir la inexistencia, de hombres de estado.
No me estoy refiriendo a grandes hombres de estado como el del ejemplo precedente. Me estoy refiriendo a esos hombre que en su concejalía, ayuntamiento, parlamento, gobierno local, regional o nacional está dispuesto a sacrificar su futuro, por hacer avanzar a su país región o pueblo, y más aún, nunca tomará una decisión perjudicial para la cosa que gobierne por más que a él le perjudique personalmente. Esos hombres y mujeres entregados en cuerpo y alma a un ideal, a un fin, al bien común.
Esos hombres se dieron e miles en la Transición. No solo en la política, en los sindicatos, en la administración, en la empresa. Todo el pueblo sabía que tenía que renunciar a algo para que todos siguiéramos adelante, Todos teníamos que sacrificarnos, para superar la difícil situación de aquellos momentos. Adolfo Suárez fue la cabeza visible de aquella hazaña, pero él nada hubiera podido hacer sin el concurso decidido de todos los españoles.
El problema de la España actual es precisamente la ausencia total de esos valores en la clase dirigente, sean políticos, empresarios, sindicalistas, banqueros, medios de comunicación y demás “fauna pudiente”. Y un pueblo desarmado moralmente, que ha dado la espalda a esta situación, y esto es lo más grave, en la convicción de que nada se puede hacer.
Los únicos que se mueven son aquellos que se llaman representantes de quien no lo son, pero que tienen a su favor la manipulación sistemática de los medios de comunicación, para multiplicarlos hasta el infinito. Pero solo son un espejismo inducido por intereses bastardos.
El cortoplacismo, la vileza moral, el egocentrismo, la ausencia de ideas, la carencia de ideologías, la fatuidad engreída de mindundis venidos a más, la política como salvavidas y otros males se enseñorean en los personajes que pretenden gobernarnos. Han perdido la vergüenza y el pudor, todo les da igual con tal de seguir viviendo de esto. A lo más que podemos aspirar es a un gestor de mediana capacidad, para llevar el día a día. Nada ha cambiado, seguimos gastando dinero a manos llenas en alimentar un estado antropófago, que como el Zeus mitológico no dudará en devorar a sus hijos con tal de asegurar su supervivencia.
Nadie que ilusione, nadie que se ponga  a la cabeza, nadie que dé ejemplo, todos en el parapeto de la necesidad inevitable. Pero esas necesidades que están esquilmando nuestros bolsillos, no impiden las obscenidades de los coches oficiales, de los cargos de confianza, de las asignaciones escandalosas a los grupos políticos, de colocar a la parentela a toda costa, ¿en que quedaron los menús de 20 euros de Cospedal? ¿Dónde dejaron la vergüenza si es que alguna vez la tuvieron? ¿Qué grandezas podemos pedir a semejantes personajes?
La izquierda y la derecha a la greña desde el siglo XIX ¿por qué no copian de Alemania? ¿Cómo es posible que el único discurso de unos sea la destrucción de lo que construyen los otros? ¿Qué pasó en la Transición?: pues debe ser que nos volvimos todos locos, que por un espacio de tiempo este Pueblo se llenó de hombres de estado. La locura duró poco tiempo, e inmediatamente la Derecha y la Izquierda se pusieron de acuerdo para inmediatamente llevarnos a la cordura. La cordura de los aparatos, de la corrupción material y moral, del más tonto arriba para que no me dé problemas.
Y algunos se asombran de lo que está haciendo Más, ¿es que hace algo distinto de lo que hacen otros? ¿A caso el Estado Español le interesa a alguien, si no es para ordeñarlo hasta que salga agua de las ubres?