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domingo, 11 de abril de 2010

LOS SIETE NIÑOS DE ÉCIJA II -LOS ECOPIJOS

Hay aspectos de la vida diaria que demuestran, hasta el empacho, el nivel de idiocia que ha alcanzado nuestra sociedad. En los últimos tiempos todo lo que pueda, aunque sea por los pelos, dársele el calificativo de verde, ecológico, sostenible, respetuoso con el medio ambiente, merece no ya la consideración, sino la adoración, de esa legión de progres que han hecho que su hueca vida pueda ser llenada de “verde”, que debe ser pasto, por el nivel de irracionalidad que rezuman ¡Pero qué bien quedan!
Desde hace unos días estamos oyendo hablar del coche eléctrico. El ministro de Industria, Sr. Sebastián, va a destinar unos pocos miles de millones de euros al tema. Lo que ha dado lugar a la alegría de los sectores gubernamentales, deseosos de escamotear de las mentes de los ciudadanos, los múltiples problemas que nos aquejan. Se trata de hacernos soñar con la panacea de la energía barata e interminable.
Ya lo vienen haciendo desde hace unos años con la energía solar y la eólica. Los “ecopijos” intentando convencernos de que el futuro está en estas energías, cuando la realidad es muy distinta. Las placas solares no producirán, a lo largo de su vida útil, más energía de la que se consume en fabricarlas e instalarlas. Los molinos necesitan instalar en sus rotores cinco veces la potencia que se pretenda generar para conseguir un suministro medianamente estable.
Pero lo que no se dice, es que estas energías están suponiendo unos grandes negocios, para los que tienen la suerte de contar con las concesiones administrativas correspondientes. En definitiva una fuente de corrupción, como todo lo que depende de una decisión político-discrecional. Esa energía se paga a precio de oro, pero no la pagan las compañías eléctricas, como algunos pueden pensar, sino cada uno de nosotros con nuestros recibos. Este mismo año el Kw/h consumido ha subido un 9%. La potencia contratada un 25%. Esto con los niveles de IPC más bajos de la historia. Sin contar que hace un año a los usuarios de la tarifa nocturna, con unos u otros subterfugios, nos multiplicaron la factura por dos.
El choche eléctrico, tal como se está planteando se configura como un elemento más de distracción y narcolepsia mental, a fin de que los españoles nos creamos el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Zapatero quiere cargarse el principio de conservación de la energía, o al menos eso pretende.
Por suerte para él, son muchos los españoles que no conocen la ley de Ohm, y demasiados que conociéndola miran para otro lado. Unos para que no chafar sus fantasías medioambientales, y otros porque, como en las renovables, ven en el horizonte un pingüe negocio. Por lo que hace a la ley de Ohm un simple cálculo: Un coche de 100 caballos si fuera eléctrico necesitaría un motor eléctrico de 74 Kilowatios (acordaos 1Hp= 0,74Kw). En un viaje de 5 horas y 500 Km, un motor de gasóleo gastaría 30 litros, es decir 31 euros. Con motor eléctrico gastaríamos 74 Kw por cinco horas de marcha, 370 Kw/h; con las tarifas actuales a 15 céntimos el Kw/h, eso supondría 55 euros, sin contar las pérdidas de transformación de la CA a CC, presentes en cualquier carga de baterías.
Pero además habrá que terminar de una vez por todas con la falacia de que la energía eléctrica no es contaminante. La energía eléctrica puede no contaminar en el sitio donde se consume. De ahí su aplicación en lugares donde haya grandes concentraciones de vehículos, como ocurre en las ciudades. Pero desde el punto de vista medioambiental un motor eléctrico consume los mismos combustibles que se emplean en generar la electricidad: carbón, gasóleo, gas natural, energía atómica y energías renovables (hidráulica, eólica y solar). Es decir, en su mayor parte combustibles fósiles, que contaminan y producen CO2, allí donde se queman.
Por lo tanto, con permiso de la ministra Aído, “menos lobos Caperucita”, ya está bien de cuentos, y de engañar a los ciudadanos, que estamos pagando: el mesianismo de un presidente que tiene a España como si fuera su juguete de niño malcriado, la voracidad de los electro-golfos que están dejando nuestros bolsillos vacíos y la majaderia de tanto ecopijo, ecomemo, ecolelo, o como ustedes prefieran llamarlos.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

FILÓSOFOS

Los hombres siempre hemos necesitado para vivir referentes morales. Líderes que en el ámbito de las ideas nos indicaran el camino a seguir.
Magos o hechiceros en un principio, que posteriormente devinieron en sacerdotes de mil y una religiones politeístas, en el mayor de los casos, para transformarse con el tiempo en los dirigentes de las religiones monoteístas más conocidos por todos nosotros por ser los que en los últimos siglos y todavía en la actualidad han estado presentes en los avatares de nuestra historia pasada y presente.
A la vez, paralelamente, los filósofos han desarrollado su liderazgo en este campo, sin lugar a dudas, muy importante. A veces complementando el liderazgo de los religiosos, a veces en franca confrontación con ellos, pero siempre en el reducido ámbito del elitismo intelectual o académico.
Pero en el siglo XVIII se da un salto cualitativo cuando determinados filósofos, en ocasiones llamados también intelectuales, pasan del campo de las ideas al ámbito social, es decir no solo plantean sus teorías filosóficas sino que, pasando a la acción, intentan implementarlas en la sociedad, con lo que irrumpen en el campo del liderazgo moral en franca competencia con los ministros de las distintas iglesias. Y ganan la batalla.
Las teorías de Rousseau, Mark, Bertolt Brecht, Russel, Sartre, invadieron las calles y las mentes de millones de ciudadanos, y si bien es verdad que con el tiempo se revelaron como rotundos fracasos, en ocasiones dando lugar a los episodios más funestos de la historia de la humanidad, cumplieron un objetivo: Desplazar a los dirigentes religiosos del liderazgo social y moral que ostentaron durante siglos.
Es decir en estos dos últimos siglos hemos ido poco a poco pero inexorablemente cambiando ese liderazgo religioso por uno que podríamos llamar civil. No tengo muy claro si para bien o para mal. Hemos sustituidos los obispos sujetos a estrictas normas y cánones que limitan sus funciones, por otros que solo se deben a su interés intelectual, que por muy honesto que sea no deja de ser suyo y personal, y que además no dispone de ningún mecanismo de control a la hora de implementarlo en la sociedad.
Antes teníamos las homilías de los sacerdotes, las pastorales de los obispos y las encíclicas del Sumo Pontífice, hablando del hombre y sus problemas en el mundo que en cada momento le ha tocado vivir. Ahora tenemos a un Al gore metiéndonos el miedo en el cuerpo ¡El infierno!, os suena…, o bien a un Obama que todo lo arregla con un “we can” versus “amén”. No es que sea mucho pero cumplen la función de ilusionar a mucha gente.
Disculpen los que tengan a bien leer estas reflexiones, por tan extenso preámbulo pero es necesario para entender lo que viene a continuación.
Desde hace unos años tengo la sensación de que España se me va de las manos como la arena entre los dedos. No solo es el problema autonómico, ni los gobiernos mejores o peores que nos ha tocado en este tiempo, ni siquiera la crisis económica, con lo que esta pueda tener de cruel para mucha gente, no. Lo más grave es que veo al pueblo español perdido en una nube de egoísmo, mediocridad, falta de coraje, pasota, y lo que es más grave no queriendo levantar la vista del suelo por la convicción de que no le va a gustar lo que tiene que ver. Da la sensación de que tenemos la certeza de dirigirnos a un abismo y nadie hace nada por evitarlo.
España en definitiva necesita un filósofo, necesita un líder moral, necesita de alguien que desarrolle una idea que enganche en las mentes de los españoles, nos ponga en marcha y nos saque del estado de postración moral en la que nos encontramos.
Y para colmo de males, Savater se pone a escribir novelas… y encima le dan el Planeta.

miércoles, 8 de abril de 2009

AGUERRIDOS CANTAMAÑANAS


Un calor inmisericorde caía sobre la Ronda de Buenavista de Toledo aquella tarde de verano del año 97. Atrincherados en la sede del PP, el gerente del partido y yo, entonces presidente del mismo, no podíamos dar crédito a lo que veían nuestros ojos. Entre cincuenta y sesenta personas, en el exterior de la misma, pancartas en mano nos increpaban, eran trabajadores de la CCM que protestaban por unas declaraciones que habíamos hecho el entonces presidente regional Agustín Conde y yo mismo sobre la Ley de Cajas y que a su juicio podía perjudicarles. Un hecho insólito donde los haya. Ya son raras las manifestaciones en Toledo, pero una manifestación de empleados de CCM, posiblemente los trabajadores mejor pagados de la Región, era un hecho del que yo no conocía precedentes en la historia del “movimiento obrero” dentro de la entidad y que no creo se haya vuelto a repetir.
Para entender semejante despropósito hay que analizar los antecedentes: En el año 95 en PSOE pierde gran parte de su poder municipal, el PP se alza con la victoria en las grandes capitales y diputaciones. Bono gana las Elecciones Regionales por un estrecho margen, como consecuencia la Caja de Castilla la Mancha cae en manos del PP. Por si fuera poco el año 96 el PP gana las elecciones generales, Bono no puede dar un paso sin la obligación entenderse con un mandatario del PP. ¡Bono está sitiado!
Con este estado de cosas Bono no tiene más remedio que buscar apoyos donde los haya, ¿y qué mejor apoyo que el de una solvente entidad de crédito? De urgencia pone en marcha un proyecto de ley para modificar la Ley de Cajas de Castilla la Mancha a la medida de sus intereses, se modifica la representación de los consejeros de las distintas entidades que componían la Caja, y se hace de tal manera que a él le salgan las cuentas. Una usurpación en toda regla.
Era evidente que aquel movimiento tenía un marcado carácter político, se trataba de hacerse con la Caja descaradamente para usarla en su propio beneficio, y así lo manifestamos desde el PP, cuando tanto Agustín Conde como yo dijimos que aquello iba a ser la “ruina” para la CCM.
Nunca pensé que aquellas palabras iban a ser premonitorias de lo que sucedería doce años después y bien que lo siento. La Caja me dio la primera hipoteca para comprar mi vivienda, siempre he trabajado con ella, los empleados eran más amigos que otra cosa, años después fui consejero, eran los tiempos de Juan Molero, cuando la Caja la gobernaban profesionales y los Directores Generales sabían parar los pies a los que pretendían aprovecharse de ella. Ahora vemos como lo que costó cincuenta años levantar se ha venido abajo, merced a la ineptitud de unos gestores sin escrúpulos que tomaron a esta entidad como un cortijo.
No nos equivocábamos Agustín y yo cuando avisamos de lo que iba a suceder, y si mucho los “aguerridos cantamañanas” que se manifestaron aquella tórrida tarde frente a la sede del PP de Toledo. Me queda por saber qué tal se lo pagaron.